Premio Valores 2017
RECONOCIENDO A LOS MIEMBROS DESTACADOS DE LA SOCIEDAD.



Así estamos...

La economía no va mal, sólo si se consideran los pronósticos más pesimistas de los últimos meses; se mantiene un crecimiento mediocre, sostenido a su vez por el crecimiento del consumo. La incertidumbre sobre la renegociación del TLC continuará, sin embargo, cancelando o posponiendo inversiones nacionales y extranjeras. Con ese telón de fondo, serios problemas continúan acumulándose.

La corrupción se desborda. Y la hipocresía también. Hoy son Yarrington y Duarte, los gobernadores en turno, los del mes, y que actuaron impunes, uno como narcotraficante, el otro como defraudador compulsivo, sin que nada ni nadie los detuviera; ninguna instancia, ni de seguridad, ni de inteligencia, ni de fiscalización, ni política, ninguna. La ausencia de controles, la incompetencia institucional, la amplitud de las complicidades y la permisividad política, han generado casos exorbitantes, pero al fin y al cabo productos simples, naturales, de una degradación que ya no se disfraza con matices, disimulos o al menos un poco de obra pública.

¿Qué cambia en Veracruz, en Tamaulipas y en México con estas detenciones? Más bien continúa la farsa, como la que protagoniza un PRI “indignado” o el actual gobernador de Veracruz, seriamente cuestionado en el ámbito precisamente de su probidad, y hoy auto erigido en inquisidor moral. Unos y otros son reflejos de un sistema de competencia política cada vez más cara y más sucia, por un poder que ya sólo se entiende, en su expresión más pedestre, como acceso patrimonial a contratos, a publicidad y a escenografía. Con un federalismo enfermo que confiere presupuestos a ejecutivos locales sin herramientas adecuadas de fiscalización, y ante la ausencia de reformas sustanciales en materia de rendición de cuentas, sólo una excesiva ingenuidad puede ver súbitos convencimientos de justicia o decoro político cuando sólo existe cálculo electoral, forzado, tampoco hay que olvidarlo, por la presión de las víctimas y de la opinión pública en estados que han padecido gobiernos instigadores o cómplices u omisos frente a detenciones arbitrarias, secuestros, homicidios, fosas clandestinas y desfalcos monumentales.

Ya son siete ex gobernadores encarcelados y cuatro más con procesos e investigaciones abiertas, lo que denota que en el país se enfrentan dos grandes tendencias: una representada por mecanismos formales e informales de denuncia y presión política y mediática, que pueden en ocasiones encontrar cauce judicial. La otra, conformada por las intersecciones de la política (es un decir), los negocios, las prácticas clientelares y los grupos criminales. Ambas tendencias se enfrentan en una arena institucional incompleta, deforme, ineficaz. Por ello quizá es que diversos casos “de alto impacto” surgen o se transfieren hacia cortes estadounidenses: allá habrán de dirimirse los casos de Joaquín Guzmán Loera, del fiscal Nayarit, Oderbrecht, y de algunos ex gobernadores. Por lo pronto…

Por su parte, la violencia avanza, incontenible, ante la indolencia gubernamental. Los homicidios de los últimos cinco años se encuentran 20% por arriba del mismo periodo del sexenio pasado, y en el presente año la tendencia continúa empeorando: el número de asesinatos durante el primer trimestre estuvo 34% por encima del mismo periodo del 2016. Este año podría culminar con un total cercano a los 29 mil homicidios, y se perfila como el más violento desde que existen registros. Se colapsa el fraseo simplista que atribuía la violencia a “la guerra de Calderón”, y el estancamiento o colapso de las capacidades estatales en sus tres niveles augura un negro, muy negro panorama en materia de seguridad al corto y mediano plazos.

La corrupción y la inseguridad bien pueden enterrar el legado de las reformas estructurales. De hecho, el 77% de los mexicanos desaprueba la gestión presidencial, el 61% considera que hay que derogar la reforma energética, el 42% las de telecomunicaciones y transparencia, y el 39% la educativa (encuesta GEA-ISA). Sin embargo, la prioridad hoy para el gobierno federal está en el Estado de México. Por ahora, según algunas encuestas, el PRI se encuentra prácticamente empatado con MORENA, con 24%, mientras el PAN estaría alejado con un 15% (encuesta Mitofsky). El PAN o Morena pueden todavía aspirar a la presidencia incluso perdiendo esta elección, dependiendo de por cuánto y en qué condiciones la pierdan. Para el PRI, en cambio, la elección es vital, literalmente, pues perderla no sólo cancelaría muy probablemente sus oportunidades para la presidencial del año entrante sino, sobre todo, para que el actual grupo gobernante cuente con algún refugio político y económico.

Pasando a la esfera internacional, el gobierno de Trump no ha logrado concretar sus principales promesas electorales, y se encuentra asediado por investigaciones judiciales y periodísticas. No deja de ser alentadora su impopularidad, pues tiene el porcentaje de aprobación más bajo jamás registrado en los sondeos de opinión para el periodo de los primeros 100 días, con un 40%. Sin embargo, aunque impopular y excéntrico, no debe olvidarse que representa a importantes intereses. Su intención de incrementar el gasto militar, de poner en marcha grandes proyectos de infraestructura, de reducir impuestos a los más ricos y de aplicar una desregulación financiera, le genera poderosos aliados empresariales y financieros.

Con esos soportes, y dada la necesidad de aglutinar apoyo interno, no es remota la posibilidad de que se defina por una fuga hacia adelante con un conflicto bélico. Aunque Estados Unidos aún mantiene los dos conflictos más caros y largos de su historia (Irak y Afganistán), se han “calentado” escenarios para tal efecto en Medio Oriente (Iraq y Siria), Yemen, Afganistán y Corea del Norte. Una guerra intensificada en cualquiera de estos países buscaría azuzar el sentimiento nacionalista, convertir el disenso en traición y distraer de su pobre desempeño. Ello no obstante, la opción es limitada pues no habrá apoyo popular para ninguna operación que implique el envío de tropas al terreno. Además, ya se sabe, las acciones de política exterior drásticas pero improvisadas, diseñadas únicamente para un propósito interno de corto plazo, suelen terminar mal.
Por su parte, la elección en Francia, al igual que los triunfos de Trump y del Brexit, vuelve a poner en evidencia la brecha que separa a los sectores liberales y acomodados de aquellos empobrecidos, resentidos con las “élites”, anti-inmigrantes y anti-globalización (en este caso, anti-Unión Europea). Aunque gane en la segunda vuelta el candidato de centro, tendrá que lidiar con un país dividido, como muchos otros, a lo largo de esas líneas.

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José Antonio Polo Oteyza es el Director General de Causa en Común.

Correggio # 81, Col. Cd. de los Deportes. C.P. 03710, Benito Juárez, México Distrito Federal.

Tel: 04455 4987 1908

Email: r.irineo@hotmail.com

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