Premio Valores 2016
31
Agosto 2016
19:30 hrs
Ex Convento de
San Hipólito



“La dimensión individual y social del hombre”

El hombre ha sido siempre objeto de estudio del mismo hombre. Así de paradójico. Las dimensiones que como seres humanos se presentan han sido objeto de estudio de grandes pensadores, filósofos, instituciones y científicos desde que comenzó a documentarse la historia.
En el hombre influyen características biológicas, psicológicas, sociales y espirituales. Asimismo, está dotado de conciencia, inteligencia, voluntad, intencionalidad, afectividad y creatividad, en síntesis, de una personalidad, que obedece a su ubicación temporal (momento histórico) y espacial (lugar donde habita), por lo que resulta imposible, para entenderlo, separarlo de sus contextos y dimensiones.1

Vale la pena dar un breve contexto sobre lo que los teóricos han llamado persona, y sobre la cual se habla tanto y se vive tanto. Para Martín Heidegger, el hombre es como “Daesin”, una palabra en alemán que significa “el ser ahí”. El mundo es el mundo del hombre y es en ese momento en que el hombre trasciende “el ser en el mundo” ya que conlleva las acciones e intenciones del hombre. El hombre transforma al mundo al vivir en él. 2

Aristóteles, por ejemplo, sostiene que el hombre es sustancia compuesta de materia (cuerpo) y forma (alma) y, a diferencia de Platón, considera la unión de alma y cuerpo producto de los actos (sustancia) y las piensa con una existencia única reflejada en el hombre (Sokolowski 2013, 379).
La persona es, al principio y al final, la unidad social sobre la que se sostiene el andamiaje comunitario de la humanidad.

La sociedad, por ende, es el medio por el cual el hombre puede afirmar su valor como tal.

La sociedad, por ende, es el medio por el cual el hombre puede afirmar su valor como tal. La necesidad de la persona de vivir en sociedad no obedece nada más a los bienes materiales que debe obtener para sobrevivir sino, principalmente a la consecución de los bienes morales indispensables para su realización.

El hombre tiene por naturaleza y desde sus inicios una vida social y política. Una sociedad es el “hombre con otro”, quienes comparten acciones y un mundo, al igual que preocupaciones. 3

En las diferentes etapas históricas la sociedad ha tenido diversas consideraciones; en la cultura occidental greco-romana, por ejemplo, considera a la sociedad como el medio que vincula al hombre con la naturaleza; después en el liberalismo se prioriza la autonomía de la persona frente a la sociedad, para posteriormente concebir su existencia solo en una sociedad democrática.4

La ética y la moral son la manera en que se relaciona y comporta la persona dentro del colectivo social, cómo se rige su acción y hacia donde se encamina ese actuar. Aunque ética y moral suelen ser utilizados de manera indistinta por filósofos y hasta en la cotidianeidad del lenguaje de cualquiera, en realidad estamos hablando de conceptos diferentes.

La palabra ética viene del griego ETHOS que significa “modo de ser” o “carácter”, o sea la forma de vida adquirida por el hombre5. La ética, según Adolfo Sánchez Vázquez, es la teoría del comportamiento moral de los hombres en sociedad. O sea, es ciencia de una forma específica de conducta humana.6

En “Ética a Nicómano” -el primer tratado sistemático sobre la ética del cual se tiene registro- Aristóteles sostiene que la virtud nos ayuda a buscar la felicidad y esa es la base de la ética y que todo acto tiene un fin, que es la felicidad, pero se puede buscar este fin en diversas cosas.
Para este filósofo, considerado el padre de la ética, lo esencial de ésta es el bien y considera a la verdad como el bien mayor y lo que todos buscan a través de sus actos y la felicidad como la finalidad del acto moral y consecuencia de la virtud; asimismo, considera a la virtud como el camino que tiene la ética para lograr el bien y, por ende, la felicidad.

No podemos hablar de ética sin intrínsecamente a la moral. La moral se entiende como un conjunto de normas, aceptadas libre y conscientemente, que regulan la conducta individual y colectiva de los hombres. El significado, función y validez de ellas varía históricamente en las diferentes sociedades, desde la prehistoria hasta los tiempos postmodernos. Ante los principios planteados como origen de la moral (Dios, la naturaleza y el hombre) que abstraen del actuar del hombre como tal y buscan la fuente de la moral en situaciones no concernientes al propio individuo, se considera que la moral surge efectivamente cuando el hombre se relaciona en sociedad, es decir, cuando forma parte de una colectividad y necesita de normas y reglas que conduzcan su actuar al interior de la comunidad y al exterior para con otras.
El acto moral es la aplicación de las normas morales, que también se conoce como moralidad. Moral, entonces, es lo que se dice que se debe hacer, o lo que debe ser, y moralidad es lo que se hace, o lo que se es. En esencia el acto moral es voluntario, libre y consciente con aceptación responsable de las consecuencias.7

No puede haber una tabla única de valores, sino que, a través de su estudio y corriente que los conceptualice, se tendrá un mapa por cultura, ubicación geográfica, y civilización donde los valores se ubiquen de manera distinta para la sociedad en ese momento de su historia.

Otro aspecto fundamental para comprender el actuar del hombre son los valores que lo rigen. A lo largo de la historia del pensamiento filosófico se ha estudiado a la naturaleza de los valores desde cuatro diferentes corrientes y perspectivas, a saber: naturalista, objetivista, subjetivista y sociologista. La naturalista encuentra su origen desde Demócrito (dos siglos antes a. C.) y su auge en el Renacimiento y la Ilustración (S. XVIII); esta corriente asocia los valores a la acción de las leyes naturales y sostiene que las leyes de la naturaleza subordinan a las del hombre y la sociedad. La perspectiva objetivista, que encuentra su base en Kant y su difusión en la escuela de nos neokantianos, sostiene que los valores y la ética existen a priori de las causas naturales, son la diferencia entre el ser y deber ser y estos valores permanecen intactos a pesar de las tendencias humanas. Como oposición a esta corriente surge la subjetivista, que ahora pone al origen de los valores en el sujeto, sus deseos y aspiraciones (S. XIX), en esta corriente posmodernista el valor es tan relativo como el hombre lo desee y como los colectivos decidan darle valor a las cosas. Por último, la concepción de los valores sociologista (S. XIX y XX) considera que éstos son producto de las convenciones sociales, de lo que la comunidad considera “valioso” esto da como consecuencia que cada generación encuentre un nuevo esquema de valores ya dado y determinado por las normas y preceptos que se han encarnado en la cultura y educación que les toca recibir. Por lo anterior se desprende que no puede haber una tabla única de valores, sino que, a través de su estudio y corriente que los conceptualice, se tendrá un mapa por cultura, ubicación geográfica, y civilización donde los valores se ubiquen de manera distinta para la sociedad en ese momento de su historia.

Los valores, en palabras llanas, son aquello a lo que le damos valor en nuestra vida. En la actualidad se pueden clasificar de morales y humanos. Los morales buscan la dignidad del hombre y su perfección y es el hombre mismo quien elige cuales priorizar y cuales no utilizar en su actuar. Como ejemplo podemos citar a: el amor, el respeto, la solidaridad, la subsidiaridad, la tolerancia, entre otros. Los valores humanos son aquellos que son universales, los podemos encontrar en todas las formas en las que el hombre convive y se relaciona, tales como: la paz y la libertad.8
En esta época los valores determinan las normas morales, ya que son los que rigen las pautas de comportamiento, son los referentes aceptados socialmente y ser constructores de nuestra propia vida y su destino.

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1. Luz Marina Alonso, Isabel Escorcia, “El ser humano como una totalidad”, Salud Uninorte (núm. 17, 2003): 5-6
2. Martin Heidegger, Ser y el tiempo (México: Fondo de Cultura Económica, 1999), 250-258.
3. Heidegger, Ser y Tiempo, 308.
4. Juan Fernando Ortega Muños, “Persona y Sociedad”, Contrastes. Revista Interdisciplinar de Filosofía, volumen V 2000, 135.
5. Nicolás Abagnano, Diccionario de Filosofía, (México: Fondo de Cultura Económica, 1982), 83.
6. Adolfo Sánchez Vázquez, Ética, (Barcelona: Grijalva, 1984), 25.
7. Zacarías Torres, Introducción a la Ética, (México: Editorial Patria, 2014), 20-22.
8. Universidad Interamericana para el Desarrollo, “Todos los Valores”, http://moodle2.unid.edu.mx/dts_cursos_mdl/lic/ED/FE/AM/10/Todos_los_valores.pdf (consultada el 1 de diciembre de 2016).

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Margarita Gallardo Cruz es Licenciada en Derecho y Master en Acción Política, Fortalecimiento Institucional y Participación Ciudadana por la Universidad Francisco de Madrid, España. Tiene posgrado en Administración Pública por la Universidad de Guanajuato. Ha sido funcionaria pública en Gobierno Estatal, de la Ciudad de México y en Gobierno Federal, resaltando su participación en la implementación del Programa de Prevención Social de la Violencia y Delincuencia como funcionaria de la Secretaría de Gobernación. Actualmente se desempeña como Directora General Adjunta de la Secretaría de Desarrollo Social del Gobierno de la República.

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