La niñez Invisible en “La Gran Familia”

Pluma invitada

Areli Rojas

Una noticia que consterno a México y el mundo fue el caso del albergue ubicado en Zamora, Michoacán “La Gran Familia” dirigido por Rosa Verduzco; hoy ya a más de 5 días del rescate, sin temor a que me gane el dolor y coraje que viví dentro de ese sitio, me siento a escribir mis impresiones de ser estar ahí como voluntaria en el operativo de rescate.

la gran familia

Sin duda la primera impresión al entrar y ver las condiciones del lugar  y antes de siquiera cruzar palabra con alguno de los internos o internas del albergue, pude ver además de una tremenda suciedad, MAL TRATO, niños, niñas, adolescentes, jóvenes con las caras, brazos, espaldas, piernas, dientes y pies muy lastimados.

Cuando los niños, niñas y jóvenes del albergue me percibieron con más confianza (si es que esto es posible en un ambiente con gran hostilidad, miedo y terror psicólogico) me comentaron historias degradantes, humillantes y violatorias de todos los derechos humanos. Abusos sexuales, abusos psicológicos,  obligaciones atroces para no ser más mal tratados, esclavitud, despojo de sus pertenencias, mala alimentación, mala educación, etc.  Con dos historias de estas sería suficiente para sancionar severamente a todos los encargados y encargadas del albergue, más aún si no son solo dos o tres, sino 601 historias que le quitan el aliento a cualquiera.

Desde que el operativo tomó sitio, comenzaron las especulaciones entre autoridades, medios, sociedad civil, políticos medio incómodos y hasta algunos “intelectuales”.  Sin duda hay muchas incógnitas que se tendrán que ir resolviendo en aras de la verdad y la transparencia, las que son innegables son las violaciones a todos los derechos de estos niños y niñas, pues no bastaba con que los niños y las niñas conformen una orquesta por orden de la directora del albergue, si el resto de sus derechos, como la dignidad, la libertad y el libre desarrollo de la personalidad se ven anulados en un cuarto de tres paredes y una reja.

Lo que más preocupa, es que todos los debates, discusiones, posturas, infinidad de artículos y más se hayan centrado en discutir los “Pecados o Virtudes” de “Mamá rosa”,  en si la Sra. Rosa era “Un ángel o un demonio”  o en que si esto era una cortina de humo por la reforma de TELECOMUNICACIONES ¿Qué pasa? Ojala todas las “cortinas de humo” implicaran reparar derechos humanos ¿Qué importan los niños y niñas mejor salvemos el petróleo y el negocio de las telecomunicaciones, es esto un modo de pensar de un ser humano? No se pudo ver más allá del egoísmo, teorías de conspiración y visión adultocentrista del mundo; los niños, niñas y jóvenes del albergue pasaron a un segundo plano, nadie se preocupo u ocupo de interesarse en el bienestar de ellos(as).

LOS INTELECTUALES Y POLÍTICOS INCOMODOS

Desde el primer día del operativo, se dieron cita en el albergue de mamá rosa y en su oficina donde ella se encontraba sentada esperando a que le tomaran su declaración:  diputadas locales, médicos de “mamá rosa”, amistades e incluso la presidenta municipal de Zamora; el hermano de la señora Marta Sahagún que estaba en el lugar dijo “Tú que vas a entender, eres muy joven, mira ahí en el salón de música está el nombre de mi papá, cualquier viejito tiene su casa sucia” . A lo cual dije y digo, ese es el problema que nunca nadie de las decenas de políticos, “intelectuales” y hasta reinas pasaron más allá del salón de música y muchas veces ni ahí llegaron. Después una diputada local que solo recuerdo que era diputada del PAN por Zamora y se llama Kenia junto con una amiga de la señora Rosa ante el relato de un niño de 11 años que les restregó en sus palabras de defensa la siguiente frase “la verdad es que aquí con la jefa si me trataban muy mal, ella también me trató mal, por eso miren me quise cortar los brazos” mostrando unos brazos mutilados y con cicatrices, ambas solo se miraron y no supieron que decir hasta que una jalo a otro adolescente y le dijo de pronto “¿Verdad que aquí aprendiste a tocar el violín y que si no hubieras estado en este albergue serías un adicto?” y el chico de 13 años respondió “sí yo creo que sí, era adicto y aquí la verdad si me tratan mal pero a lo mejor me hubiera ido peor afuera” y la señora diputada me dijo “¿Ya ves Areli?” eso en vez de cambiar mi perspectiva me hizo preguntar ¿Violaciones y abusos a cambio de aprender a tocar un instrumento? Y ni hablar del terrorismo psicólogico para que mucha de la población del albergue se sintiera culpable y merecedora de estar en ese sitio.

Al otro día un grupo de intelectuales comenzaron a defender a la “Gran Familia” hablando de la bondad de la directora, pero nunca de las violaciones a los derechos humanos de los cientos de niños y niñas . Les preguntaría a estos intelectuales que donaron libros, recursos, etc. ¿Se tomaron la cortesía de conocer más allá de la puerta del salón de música y comedor? ¿Alguno(a) fue de vez en vez a leerles a esos niños y niñas uno de los libros que les donó? ¿Cuánto tiempo convivieron con los niños y niñas?  Y bueno de los políticos incómodos ni hablar, entiendo que durante administraciones entera funcionarios y presidentas del DIF nacionales y locales se fueron a sacar fotos y a premiar a “mamá Rosa”, sin conocer el fondo y ahora les preocupa su grave omisión y quizá su cómplice ignorancia al estar frente a una institución como es el DIF.

¿LA BANALIDAD DEL MAL EN MAMÁ ROSA?

No dudaría que en sus comienzos la gran familia tuviera un proyecto con una gran y loable intención, sin embargo aquí las preguntas serían ¿Cuándo se pervirtió? ¿La crueldad dentro del albergue de la gran familia, cuándo comenzó a gestarse? ¿Será un deterioro a causa de la edad o una enfermedad psiquiátrica la que arruino el libre desarrollo de la personalidad de centenares de niños y niñas?

 La filosofa Hannah Arendt describía la “Banalidad del Mal” para referirse a que algunos seres humanos actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos, aunque sean crueles. No se preocupan por las consecuencias de los mismos, sólo por el cumplimiento de la ley y  lo “socialmente” aceptado. La tortura, la ejecución de seres humanos u otras prácticas de actos inhumanos no son considerados a partir de sus causas o efectos creyendo que se obedece a lo que está bien para el status quo, naturalizando las violencias.

 Arendt,  describe este concepto con el ejemplo del nazi Adolf Eichmann. Este mediocre ser actuó como actuó simplemente por deseo de ascender en su carrera profesional y sus acciones fueron un resultado del cumplimiento de órdenes de la ley que imperaba en su momento. Era un simple burócrata que cumplía órdenes sin pensar ni reflexionar sobre sus consecuencias. Para Eichmann, todo era realizado sin los sentimientos del bien o el mal porque estaba cumpliendo con la ley lo cual moralmente se le hacía a él y a su sociedad “aceptable”. Así de mediocre, atroz y brutal puede ser la banalidad del mal.

Rosa Verduzco: la madre, la santa, el ángel, el símil a una madre teresa de Calcuta, la “ancianita” llena de caridad, la jefa, la virtuosa, la mujer lejos del pecado…. Estos calificativos y más que le han puesto políticos, intelectuales, instituciones de gobierno y algunos medios de comunicación, quizá llevaron a la señora Rosa a creer que lo que hacía no era malo o “tan malo”, pues para la sociedad conservadora  y otra no tanto de Zamora, algunos intelectuales  y activistas, “mamá rosa” se hacia cargo de niños, niñas y jóvenes problema; “los niños que nadie quería”. Señalando a estos niños, niñas y jóvenes como si fueran un despojo del cual la pobre santa virtuosa de “mamá Rosa” se hacia cargo como “nadie” más lo haría. “No importaba la suciedad o abusos que sufrieran los niños, niñas y jóvenes ahí dentro pues era quizá lo menos peor de lo peor”,  anulando cualquier derecho de los niños y las niñas y minimizandoles como si fuesen objetos, “lo importante era el legado del ángel de “mamá Rosa” la “lépera” y un poco grotesca ancianita que salvaba de responsabilidad y culpas a padres, madres, autoridades y hasta aquellos intelectuales de gran ego que quieren sentirse por un segundo humanitarios. Por está razón quizá mamá Rosa actuó como actuó, porque era bien visto el “legado” del que tanto se habla y quizá se hizo la idea de que les estaba dando a esos niños y niñas “lo menos podrido de entre lo más podrido de nuestra voraz sociedad incapaz de sentir, cegada por el egoísmo y el orden de acumular lo material cada vez deshaciéndose más de lo humano; pues para nuestra sociedad lo humano y los derechos “no dan de comer”.

La banalidad del mal de esta santa madre inmaculada, quizá no sea resultado de un deterioro por los años o de una enfermedad mental irreversible, quizá sea la perversa y omisa aprobación del status quo de nuestra sociedad.

Personajes como Eichmann o la señora Rosa Verduzco probablemente no sean “monstruos” sumergidos en un “pozo de maldad” que podría parecer a simple vista; los actos de Eichmann o de la señora Rosa no son disculpables, ni ellos inocentes, pero estos actos no fueron realizados porque  estos seres estuviesen dotados de una inmensa capacidad radical para la crueldad, sino por ser una pieza más de un sistema criminal y atroz, operarios dentro de un sistema inhumano.

LA CULPA

En las entrañas del caso tan divergente de “mamá Rosa”, se abre una caja de Pandora de culpas; es digno de analizarse que en este caso la culpa presente en todos los actores no puede pasar de largo; me refiero a la discusión sobre la culpabilidad o no de la señora Verduzco. Sin duda inocente no es, pero tampoco ella es la única responsable de lo que paso; pues padres, madres, instituciones de gobierno e “intelectuales” que daban la venía para que cientos de niños y niñas estuvieran ahí, llevan gran responsabilidad de lo que estuvo pasando en el “albergue de la gran familia”,  si bien no desde hace 60 años; sí desde hace algunas decenas de años.

Padres y madres que optaron por abandonar o no hacerse responsables de sus hijos e hijas con todo y los problemas que tenían estos niños, niñas y jóvenes (la vida no es fácil, todos llegamos a dar algún problema a lo largo de nuestra vida y eso no implica que merezcas los malos tratos brutales a los que estos menores de edad fueron expuestos) . Autoridades que buscaron deshacerse del cuidado de estos niños, niñas y jóvenes; y no solo eso, además optaron por no tener ningún tipo de vigilancia o acompañamiento a este lugar; se desentendieron totalmente del bienestar de los infantes, y además nunca hicieron caso a las primeras denuncias que hubieron sobre este albergue; políticos e intelectuales que por ganarse 5 minutos de bondadosa fama por su labor humanitaria, aplaudieron a “mamá rosa”,  sin involucrarse realmente en la labor, pues nunca se preocuparon por el estado de los niños y niñas y mucho menos por la salud física y mental de la señora Rosa Verduzco. Es cruel que al ver la edad de la señora Rosa Verduzco nunca nadie se preocupo por enterarse si podía seguir atendiendo a cientos de niños y niñas, estos intelectuales y políticos solo iban por la foto y a pintar su nombre en un mural y el resto ya no era cosa suya; y por su puesto la señora Verduzco quien quizá inició esta labor con una gran intención (lamentablemente los derechos humanos difícilmente se protegen con solo buenas intenciones) pero en un afán por acumular todo, incluso niños, perdió los estribos dándose o no cuenta, y sin importar se vio apoyada en está perdida de control, porque todo mundo antes citado, le decían que “todo estaba bien” que era una santísima y que tenía todo el apoyo político que necesitaba, de lo que nunca se dieron cuenta es que el apoyo político, social y afectivo se tenía que repartir entre más de 600 y no acumularse en una sola persona. También los victimarios que hoy tras las rejas por sus múltiples abusos y violaciones reflexionarán el daño que hicieron y seguro también algunos de ellos y ellas se acordaran  de que en su momento fueron víctimas antes de cruzar la línea para ser victimarios.

Una culpa distinta era la que sentían, porque esa sí se sentía en quienes menos culpa tuvieron, decenas de niños, niñas y jóvenes que relataban “yo tengo la culpa de estar aquí porque me salía mucho a la calle” “yo tengo la culpa de esto porque un día me encontraron fumando” “ la verdad a lo mejor sí merezco esto porque empezaba a ser adicto”, estás afirmaciones llenas de dolor no serían extrañas en una sociedad ultra conservadora que mal entiende o abusa de la religión.

Y bueno la justicia para estas niñas, niños y adolescentes llegó a medias, se les rescató de un “bendecido infierno” que encontraba una especie de catarsis cuando podían por lo menos tocar un instrumento, que además era el pase para muchos de ellos y ellas para pisar otro lugar que no fuera el albergue de “la gran familia”; ahora estos niños, niñas y jóvenes recuperan su libertad, aunque las autoridades por falta de protocolos para tratar  con apego a los derechos humanos a adultos mayores y personas con enfermedades mentales en conflicto con la ley, dejaron a la luz una especie de impunidad y los vacíos institucionales más los señalamientos y prejuicios sociales que ponen obstáculos para lograr que estos niños, niñas y jóvenes recuperen su proyecto de vida; lo cierto es que hoy la tarea es de todos y todas, para ayudar a estas personas, no por caridad, sino por justicia y además pugnar porque un acontecimiento así no vuelva a ocurrir y el reflexionar sobre el daño que hace la disociación de autoridades con sociedad, pues lo que hace una de las partes lo deja de hacer la otra y la falta de colaboración termina en catástrofes, crímenes e impunidad donde al final nadie quiere reconocer su parte de responsabilidad.

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