Conmemorado el 8 de marzo… ¿qué sigue?

Pluma invitada

@YndiraSandoval

El patriarcal y neoliberal "pacto por México", en el que las principales fuerzas políticas negociaron el futuro de mexicanas y mexicanos, es un ejemplo de como la voluntad de los partidos ha perjudicado cínica y arbitrariamente a las Mujeres principalmente.

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Durante los últimos años en América Latina son sobresalientes los logros de México en materia de Derechos Humanos de las Mujeres; particularmente el Distrito Federal es la única entidad del país que podrá dar cuenta de avances sustanciales en el próximo encuentro de Beijing + 20, gracias a las feministas y la izquierda que desde 1997 comenzó a gobernar la Ciudad. Los esfuerzos de las Mujeres para lograr en un principio la equidad han comenzado a dar frutos, sin embargo la continuidad del régimen patriarcal a nivel federal ha implicado graves retrocesos en el avance para lograr la Igualdad Sustantiva. Actualmente la desigualdad, la discriminación, la feminización de la pobreza y el abandono de la juventud en México, parecen ser resultado de intereses que por mantener e incrementar sus posiciones de poder, han sacrificado a las Mujeres y Jóvenes del país, haciéndoles aún más vulnerables ante el capitalismo neoliberal y el patriarcado.

El patriarcal y neoliberal "pacto por México", en el que las principales fuerzas políticas negociaron el futuro de mexicanas y mexicanos, es un ejemplo de como la voluntad de los partidos ha perjudicado cínica y arbitrariamente a las Mujeres principalmente. La derecha constantemente obstruye los intentos por lograr el pleno reconocimiento de nuestros derechos, y el partido que gobierna el país busca ocultar la trágica situación de riesgo que viven gran parte de las Mujeres así como la aparente política de estado que legitima altos niveles de violencia contra nosotras, principalmente en los lugares gobernados por el mismo partido. Mientras el autoritarismo lucha por evitar la impostergable y tan necesaria Alerta de Género en México y la doble moral se opone al ejercicio de nuestro derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, las omisiones de unos cuantos que se dicen representar a la izquierda, fortaleció con vigencia del pacto o no, esta maquinación que amenaza la vida de millones de mexicanas, con o sin militancia.

En nuestro país los derechos de las Mujeres lamentablemente se han convertido en fichas de cambio en las negociaciones y equilibrios políticos; pese a esto, la Ciudad de México sigue siendo el bastión de las libertades y derechos para el desarrollo integral, plural y equitativo de las Mujeres y las Juventudes en el país. Aun así, todavía hay muchos retos que superar, uno de ellos es el que enfrentamos actualmente en la capital, la burocratización del feminismo y la anulación de sus postulados en las instituciones, síntomas alarmantes de cómo la falta de visión y congruencia entre el discurso y la acción afectan negativamente las funciones del Estado. Otra constante es observar a funcionarias sometidas bajo la lógica de las prácticas patriarcales en el ejercicio del poder, invalidando las posibilidades de lograr avances para las Mujeres con tal de no perjudicar las agendas de a quienes ellas presuponen deben servir. Y aunque es cierto que las instituciones son una vía para lograr el cambio, la mecanización política y el patriarcalismo son inercias que debemos erradicar para evitar la burocratización de las causas, reconociendo que las instituciones e instancias encargadas de la política pública en favor de las Mujeres son uno de los tantos logros tangibles del feminismo, y que gracias a estas muchos de los objetivos del movimiento se han materializado.

Si bien el feminismo ha demostrado poder prescindir de las instituciones, las instituciones definitivamente necesitan al feminismo al frente de ellas, englobando a todas y no solo a las que históricamente nos ligan. Claro que nos ocupa (y no sólo los ochos de Marzo) la permanente lucha por la Igualdad Sustantiva, el reconocimiento pleno de nuestros derechos y la eliminación de la violencia contra las Mujeres, pero también se requiere al feminismo como ética en todas las reformas estratégicas y no solo al término sustantivo que legitime redacciones y acciones paliativas encasilladas en ciertos tipos de violencia que algunos suponen es lo único que nos afecta e interesa. El feminismo como principio debe regir todo esfuerzo y cambio estructural, pero como postura y movimiento político, el feminismo debe estar presente, articulado y más vigente que nunca, en las decisiones determinantes de nuestro país, definiendo el rumbo de nuestros gobiernos, marcando la agenda legislativa, fortaleciendo y acompañando las conquistas ciudadanas que también son nuestras y por supuesto, presente en la batalla que nos amenaza ahora ante la rapaz reforma energética, convocándonos a defender nuestro petróleo de manera firme y decidida desde nuestras diversas trincheras, para lograr la consulta popular y con ella revertir tan salvaje pretensión.

No hay tiempo para cuestionarnos si somos más feministas unas u otras (las institucionales, que no burócratas, o las que no lo son, pero activistas todas), ni espacio para dudas sobre la importancia y trascendencia de nuestra participación en un solo esfuerzo. Debemos encontrarnos y permitir reconocernos, escucharnos nuevamente, y saber que a pesar de los distintos contextos, y sin feministómetro generacional o de militancia, las causas son las mismas.

Se acerca un momento histórico, la tan esperada Reforma Política y la construcción de la Constitución Política de la Ciudad de México. La adquisición de la autonomía constitucional y el reconocimiento de nuestros derechos que con tantos esfuerzos hemos logrado. Es la oportunidad para que hagamos un frente contra el capitalismo y patriarcado que como sistemas de opresión interdependientes nos han negado el ejercicio de nuestra ciudadanía plena, afectando no sólo a las Mujeres sino a todas las capitalinas y capitalinos feministas o no. Es momento de unirnos para intervenir en este acontecimiento de suma trascendencia para la Ciudad y la ciudadanía, colocando las perspectivas de Igualdad Sustantiva, intergeneracional, de sustentabilidad, de transparencia y ética pública y por supuesto de participación ciudadana, como ejes transversales en nuestra Constitución para una democracia paritaria. Es la hora de manifestar nuestra postura política vanguardista y crítica, nuestra capacidad de incidencia plasmando nuestra agenda económica y social en la Reforma Política, oponiéndonos nuevamente a todo interés que perjudique a las mayorías y proteja los intereses de las minorías. Es hora de articularnos en contra de la masculinización del poder y la “justicia”, el momento una vez más reclama congruencia, unión, memoria y compromiso; así que después del 8 de Marzo, de las reflexiones, de la eventitis y las buenas intenciones … lo que sigue es avanzar bajo un pacto sórico, que nos permita observar que aún falta mucho por hacer, que la desigualdad no solo es económica, que se requieren de todas las voces sin importar la estatura y espacio de sus tribunas, y que para garantizar la igualdad sustantiva debemos reconocer, que el fin del capitalismo, es apenas el principio del fin del patriarcado. No perdamos el rumbo.

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